domingo, 3 de febrero de 2013

El accidente


Hola

¿sobre mi punto de quiebre?

El viernes 27 de julio de 2012 inició normal, no había nada de extraordinario. Me fui a correr, fui a misa y la oficina. Esa temporada es considerada baja y teníamos pocos pendientes con los clientes. Debido a la baja carga de trabajo nos daban salida a las 2 p.m. Salí rápido y fui por mi maleta ya que ese fin de semana sería largo para mí. Había pedido oportunidad de trabajar lunes y martes desde mi ciudad natal. Quería ir a despedir a mi hermano ya que se iba a estudiar a Alemania un año. Asimismo, tenía un compromiso el viernes en otra ciudad y el sábado una boda del primo de un muy buen amigo.

Básicamente la logística sería viernes 27 salir de Puebla rumbo a Querétaro a cenar con mi amigo, para esto manejaría 4 horas. El sábado sería la boda del primo de mi amigo y me quedaría en Querétaro. El domingo manejaría muy temprano para llegar a D.F. almorzar con una amiga y dejarle mi carro. Ese domingo volaría de D.F. a Monterrey donde visitaría a mi familia y me quedaría a despedir a mi hermano el miércoles. Este mismo día me regresaría a D.F. por mi carro y me regresaría manejando a Puebla. Tal vez suene mucho pero ya lo había hecho muchísimas veces antes.

Cabe destacar que nada de mi plan de logística salió. Hubo muchos impedimentos. Al salir de la oficina pasé a mi casa por mi maleta. Tuve que regresarme porque olvidé el vestido. Rumbo a la autopista tuve que pasar por comida, pasé por un panino a un café. Luego tuve que detenerme por gasolina. Tomé la carretera arco norte y me detuvieron los federales para preguntarme a donde iría. Pasaban cosas inusuales, nunca olvidaba cosas, jamás comía paninos, me detenían los federales, cosas pequeñas pero inusuales.

Puse mi nuevo cd de Hillsong que lo acaba de comprar el domingo anterior en la iglesia de mi entonces novio en Austin. Lo escuchaba muy fuerte, iba manejando normal para la autopista entre 90 y 100 km por hora. Iba menos rápido de lo que los demás iban. Veía que muchos carros me rebasaban y yo solo decía ay que locos, porque mejor no admiran el paisaje en lugar de correr. Manejaba rápido casi siempre pero esta autopista no era muy conocida para mí. El día estaba soleado pero de repente empezó a llover y granizar.

Vi la salida de Pachuca, vi un trailer y decidí rebasarlo por la izquierda. Volteo a ver el reloj, le subo a la música y de repente ya no vi nada. Mi parabrisas estaba lleno de agua y lodo que aventaba el trailer. Sentí un golpe no fuerte en mi lado izquierdo, luego sentí que daba vueltas como trompo y luego otro golpe de mi lado. Quedé boca abajo. En las vueltas solo veía las cosas volar, mi café, zapatos, lentes de sol, todo, me puse sobre mi lado derecho porque dije si el carro se voltea así no me aplastará. Me dejé caer en el área de, copiloto. De repente el mismo movimiento hizo que mi cuerpo regresara abruptamente a la izquierda y ahí fue cuando escuché un chasquido. Oí como si tronaran los dedos cerca de mi oído y deje de sentir mi cuerpo. Al detenerse el carro nunca pensé que mi lesión había sido tan fuerte. Mis piernas y mis brazos no se movían, solo estaban colgando como spaghetti. Nunca perdí el conocimiento.

Grité por ayuda, pero sentía que mis pulmones no se llenaban de aire. Me empezó a dolor el pecho. Unas personas que pasaban se acercaron y me sacaron del carro. Me pusieron en el suelo. no entendía lo que pasaba. No me dolía nada, solo no podía moverme y sentía mi cuerpo en la misma posición de sentada. Le dije a una de las personas que si mis piernas estaban dobladas y me dijo que no. Les pregunté sus nombres y de los seis hombres solo recuerdo Angel. Empecé a tener miedo y no podía respirar muy bien, le dije que no me dejaran que pidieran ayuda que acabábamos de pasar una salida de la autopista. Me trataron de tranquilizar y me dijeron que a quien contactaban. Rápidamente pensé en mi mamá pero no recordaba su número, intenté luego pensé en mi novio, pero poco podía hacer desde Austin. Finalmente dije a mi amigo más cercano de Puebla. Me ayudaron a contactar a mi amigo de Puebla quien era el más cercano. Mi familia estaba muy lejos, mi novio aun más. Le dije tranquilamente a mi amigo que tuve un accidente. Él dice que de tranquila no tenía nada. Él se encargó de lo más difícil, avisarle a mi familia.

Mi amigo se encargó a distancia de ordenarle al paramédico que me llevara a un hospital privado que no me llevara al público. Llegué al hospital privado (el único) de Pachuca. Me pusieron un collarín duro, me rompieron la blusa, me quitaron el pantalón y me empezaron a mover de un salón a otro. Finalmente, se acercó un médico me dijo que tenían que operarme cuanto antes sino podría quedarme así. Me desesperé y me dije a mi misma ¿cómo que así? ¿A qué se refiere? Me volví a estresar y le pregunté si podía llamarle a mi papá ya que él es médico. Intenté marcarle y no me contestaron. Le dije al médico que procediera a hacerme lo que tenía que hacerme.

No entendía nada, no podía moverme nada, no veía más que el techo. Me desesperé mucho. No sabía cuánto tiempo pasaba pero me sentía atrapada en mi cuerpo. No sentía nada. Solo sentía que mis lentes de contacto se secaban. Nadie me dijo que me había roto el cuello y a mí no se me había ocurrido esa idea tan loca. ¿Cómo me iba a pasar eso a mí? No supe hasta mucho tiempo después que era cuadripléjica.

Regresando a ese fatídico día, la verdad no supe cuánto tiempo pasó en realidad. Todo se me hacía eterno y solo veía al techo y pensaba en mil cosas. De repente llegó una señora mamá de una conocida a hacerme compañía y a decirme que estaba bien que pronto me operarían. Yo no la reconocí, no la quería en mi cuarto, quería a mi amigo de Puebla, quería a mis papás, quería a alguien a quien quisiera.

Pasó tiempo y finalmente pasó alguien querido, mi amigo de Puebla. Lo primero que le dije fue que me quitara los lentes de contacto. Él le mandó llamar a otro amigo y éste me los quitó. Me preguntó dónde los pondría y le dije que los tirara. Me dije a mi misma no importa tengo más pares luego me los pongo cuando regrese a Puebla. Seis meses después aún siguen en Puebla y yo sin función de dedos que me ayude a colocármelos.

Mi amigo regresó y me tomó la mano. Me preguntó si la sentía, a lo que yo le dije que ni siquiera lo podía ver. Unos minutos después recibí una llamada y mi amigo me ayudó a hablar. Era mi entonces novio y hablé dos segundos con él y empecé a vomitar. El bendito panino. Pensé que asco. Jamás pensé que era el comienzo de todo lo asqueroso que he pasado. A lo largo de estos meses se me ha quitado el pudor.

Pasaban las horas y no me operaban, me desesperé y lo único que me decían es que habían mandado pedir plaquitas para mi operación a un hospital en D.F. Estaban muy demorados por la lluvia, el tráfico y el ser viernes.

La operación
Finalmente llegaron las plaquitas y me pasaron a cirugía a las 11 p.m. No estaba nerviosa solamente quería que me compusieran, quería irme a seguir con mi vida. Esto aún no sucede pero lo sigo intentando.

Desconozco que pasó durante y al término de mi operación. Solo le pedí a Dios que me cuidara y que quería ver a mis papás cuando despertara, pero si ese no era el plan que tenía para mí, que solo me dejara despedirme de mi familia.

Después de la operación
Supe que mi amigo con el que cenaría en Querétaro había llegado y que mis papás llegarían pronto. Desperté cerca de las 10 a.m. del sábado. Mis papás acababan de llegar, mi novio llegó con mi amiga con la que dejaría mi carro. No supe que les dije. Solo recuerdo poco de los días que estuve ahí. Estuve más sedada que nada. Veía a mis papás y a mis amigos de reojo. No estaba mucho tiempo despierta y el poco que estaba no podía hablar. Me dolía.

No sabía que pasaba a mí alrededor, no supe nada. Por primera vez en mi vida estaba inmóvil. Pasó el tiempo y me daba pavor cada que me volteaban en bloque. Me cansaba muy rápido de la posición y siempre pedía que me cambiaran. Comía papillas de manzana caliente. No comí nada sólido durante mucho tiempo.

Mis amigos, mi novio y mi papá tuvieron que irse. Me daba pendiente que estuvieran ahí y ni se fueran a trabajar. Mi papá se regresó a Monterrey a terminar de alistar a mi hermano. Mi novio prometió estar conmigo siempre y me dijo que marcaría todos los días y así se marchó. Mi mamá se quedó conmigo al pie de la cama día y noche. No me dejó nunca. Yo seguía desconociendo que pasaría conmigo, no entendía que había pasado, solo pensaba que estaría bien pronto y regresaría a mi vida en un abrir y cerrar de ojos.

Pasó una semana y me tuvieron que operar de nuevo para fijarme las plaquitas. Regresó mi papá y mi mamá seguía ahí. Me sentía tan vulnerable. No podía hacer nada. Me dolían los brazos y sentía todo mi cuerpo duro como piedra. Me bañaban delicadamente y me limpiaban muy a fondo, el primer baño de esponja había sido al cuarto día después de mi accidente. La primera vez que me bañaron había vidrios en mi cabello. El equipo de enfermería y de traslados se portaron maravillosamente conmigo. Me sentía apreciada. La gente que estaba lejos me llamaban y me mandaban rosas, arreglos. Esos detalles me alegraban un poco más.

Traté de estar siempre alegre y positiva. Siempre me habían dicho que si uno se encontraba alegre saldría adelante. Siempre fui amable y linda con las enfermeras. A una le di mis flores y hablábamos de comida con casi todo el equipo de enfermería. Prometí llevarles mole y carne seca y ellos pastes. Pero una noche de las tantas que no he dormido, en la habitación de al lado se escuchó muchísimo movimiento y dolor. Por primera vez tuve miedo, la persona de al lado murió porque dejó de luchar. Eso me dijeron. Me dije a mi misma que no podía dejar de luchar nunca.

Mi traslado a Monterrey
Pasaban los días y mis papás se desesperaban al ver que no tenía una valoración integral en el hospital. Pidieron que me trasladaran a Monterrey. No fue sencillo pero después de 15 días internada en Pachuca me llevaron a Monterrey. ¿Cómo? Vía terrestre! Hicimos alrededor de 12 horas de hospital a hospital.

En el trayecto dormí poco. Me mareaba fácilmente y sentía que me caía de la tabla dura en la que me transportaron. Intentaba relajarme pero no podía. Moría de hambre y no podía comer. Me sorprende pensar en la fuerza interior que tuve en esos momentos. Intenté siempre sacar algo chistoso de todo. Mi cabeza daba mil vueltas siempre. Como a la medianoche escuché el radio de la ambulancia. Escuchaban Pitbull, una canción con la que corría todas las mañanas. Y me puse triste. ¿Volvería a correr? ¿Volvería a moverme?

Así llegué a otro hospital más grande, más equipado y más frío. Al llegar me dejaron sola en urgencias. Ahí se acercó un médico y por primera vez no pude contestar. Me preguntó que tenía y no supe. Solo le dije que había chocado. Llegó mi mamá y escuché mi diagnóstico. Fractura cervical 6 y 7. No se me olvidaría jamás.

Seguía sin poderme mover para nada, solo veía el techo. De hecho lo único que conocí de los dos hospitales fue el techo. Nunca vi nada más. Me pasaron a hacerme mil y un exámenes. Cuando me comentaban los resultados eran siempre "todo está bien" y yo me preguntaba que si todo estaba bien por qué no me podía mover, por qué me mareaba tanto, por qué no sentía nada, por qué, por qué, por qué?

Me pasaron a cuidados intermedios y ahí estuve una semana. M hacían miles de estudios que no entendía. Me sacaban sangre en la noche y en la madrugada me hacían exámenes de los pulmones. Estos estaban muy débiles debido a que no recibieron un cuidado en el primer hospital, al clima de Pachuca y simplemente por mi lesión. La primera vez que me hicieron el examen me dio muchísimo miedo. Me despegaron muy poco de la cama para ponerme la placa pero yo me sentía tan dura que pensé que me rompería por la mitad.

Inicio de rehabilitación
Pasaban los días y yo ya quería empezar con mi rehabilitación. Ya quería regresar a correr. La gente me decía que sería un proceso muy largo y yo me dije a mi misma que si la gente se recupera en un año, yo lo haría en 10 meses. Toda la gente a mi alrededor me echaba porras. La terapia era muy sencilla. Me puso calor con una compresa, luego con un foco y choques eléctricos con un TENS. Me movía las 4 extremidades 10 veces cada una. Me enfoqué en eso y la terapia eran 2 horas al día. Sentí un alivio al iniciar con la rehabilitación. Luego un día mi terapeuta que hablaba muchísimo empezó a hablar de un chico que tuvo un accidente y no había vuelto a caminar. Por primera vez pensé que no caminaría y empecé a llorar. ¿Qué harías tu si te dicen que no caminaras?

Dolor
Esa misma noche le pregunté a mi mamá que si estaría bien? Mi mamá solo me dijo que lo íbamos a intentar. Su respuesta me dolió. Solo quería que me dijera que sí, que todo estaría bien.

Durante todo el tiempo que estuve en el hospital no hablé mucho, solo pensaba, oraba, contaba los cuadros del techo, dormía, tarareaba y pedía que me movieran. Tenía dolor constante, mis manos y pies ardían luego 5 minutos después estaban helados. Sentía como que mi cuerpo estaba en agua constantemente. Me sentía empapada todo el tiempo. Las manos y los pies me pesaban y me ardían. En el pecho sentía como si tuviera un bloque de concreto tipo el Pípila pero por enfrente.

Me dolía el cuello, me dolía la cabeza, no podía levantar mis brazos, mis muñecas me dolían, todo me dolía, absolutamente todo. Y lo peor de todo el cuadro es que no entendía el dolor, era un dolor interno y constante. ¿Cómo me podía doler algo que no siento ni muevo? Ahora sé que todos los dolores eran dolores neuropáticos y son perfectamente normales en lesionados medulares.

Ahora me dicen que el 80% de los lesionados viven con dolor. Este dolor ocurre por el incremento de la excitación y espasticidad en la médula. El dolor es espontáneo y sensaciones anormales. Me han comentado que el dolor deja de ser lo único en lo que te enfocas conforme pasan los años, ya sea porque disminuye o porque te acostumbras. Cualquiera que sea mi caso no pretendo dejar que los dolores gobiernen mi vida. Nunca me he quejado de dolores y ahorita no va a ser el caso tampoco.

Hay que tratar de sanar el cuerpo y el alma. Y cuando no se pueda hay que saber vivir con ellos.

Besos y una cereza.

P.D. Así quedó mi auto por si lo preguntaban y sino también se los muestro jajaja sé que han visto más aparatosos pero no termino de entender por qué mi lesión fue tan severa.

2 comentarios:

  1. Huerquilla, a pesar de lo poco que nos tratamos hemos estado en momentos de diversión , has venido a mi casa y hemos platicado de cosas muy divertidas!! El día de hoy me comento Mireya lo que te había pasado, no lo podía creer! Tu, quien has siempre sido una persona en constante movimiento , inquieta y con esos ojos de mmmm ahora pa donde me voy? . Y se que con esos mismo ojos , y con tu familia y amigos ... Saldrás adelante , por tu carácter y tu actitud. La vida nos pone muchas pruebas, unas justas otras no tanto... Pero en estos momentos sabes que cuentas con nosotros para ayudarte a soportar el dolor emocional y físico . Ánimo , que se que con esa tenacidad y carácter vendrás al DF y haremos fiesta en mi casa ! Y cuando yo vaya a Monterrey iré a verte para recordar todas las anécdotas y preparar las siguientes aventuras . Te quiero ahora más por el ejemplo de vida que eres para mi. CITLALI CAMUS CARACAS, quien fue amiga de 2 o 3 parrandas y quien será incondicional en este proceso de renacimiento contigo!

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    1. Muchas gracias Citlali!

      Jajaja que risa con nuestras aventurillas en D.F. Ya pronto tendremos mas sin duda :)

      Todos tenemos algún punto de quiebre en nuestras vidas. Espero que el tuyo no sea tan complejo como el mío, pero sea cual sea saldremos bien libradas :)

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